A primera hora, cuando el muelle todavía bosteza y los cafés humean en vasos de cartón, los marineros de Bueu aflojan amarras con la precisión de quien ha medido el tiempo a golpe de marea. Entre el rumor de las jarcias y los saludos con media sonrisa, el viajero curioso descubre pronto que el gran secreto de las Rías Baixas se aborda desde aquí: la ansiada travesía hacia la isla