Hay pequeños placeres gastronómicos en la vida que no necesitan ser complicados ni lujosos para ser profundamente satisfactorios. Para mí, uno de esos placeres sencillos pero irrenunciables es el queso a las finas hierbas. Sí, hablo de ese queso crema, suave, untuoso y maravillosamente versátil, que viene salpicado con trocitos verdes de perejil, cebollino y, a veces, otras hierbas aromáticas. Tengo que admitir que siento una debilidad especial por él;