El color, el maridaje y otros aspectos clave para elegir un vino blanco

Salvo los sumilleres y enólogos aficionados, el resto de consumidores encuentra serias dificultades para acertar en la elección del vino blanco. La oferta de proveedores es amplia. Incluso con bodegas de confianza, deben seguirse ciertos criterios para decidir qué pazo baion comprar, sin temor a equivocar la añada, la variedad y otras características.

Los especialistas en la materia aconsejan prestar atención al color del producto, pues la natural transparencia del vino blanco no significa que no posea tonos con información valiosa. Este rasgo es el resultado de la fermentación, la crianza y la presencia de polifenoles conocidos como taninos y antocianos en la uva o uvas empleadas. En general, los caldos más jóvenes mostrarán un tono amarillo más claro que los crianza, de color más intenso y reconcentrado. No obstante, un vino blanco excesivamente oscuro puede ser indicativo de mala calidad.

La ocasión propicia también condiciona el proceso de selección de vinos. En caso de planearse una excusión al aire libre o un pícnic en plena naturaleza, los blancos afrutados y mayormente secos ‘entrarán’ mejor y contribuirán a saciar la sed en ambientes calurosos. Por el contrario, los crianza se degustan mejor en interiores y en épocas frías, momento en que su intensidad será más agradable al paladar y las posibles astringencias no supondrán un problema.

Por su parte, los alimentos que acompañarán el vino son de una importancia crítica. Incluso el mejor de los caldos blancos puede decepcionar si el maridaje no es el apropiado. Se recomienda evitar las carnes, alcachofas o platillos especiados con menta o pimiento rojo. En su lugar, será un acierto combinar una copa de vino blanco con pescados, mariscos, arroces y platos fríos. También es útil revisar la etiqueta de la botella, que contiene multitud de datos de interés, más allá del nombre comercial, la bodega, la añada o el lugar de origen.